Siguiendo las señales de mi corazón
pude encontrar esa luz tan suave,
tan cálida,
tan inocente,
tan ansiosa;
El deseo de compartir progresa con mis dulces ganas de amar,
ese destello creó en mí una sensacion de paz
y de una tenue caricia,
pertenecen a mi alma sus ojos verdes,
ese frenesí de movimientos que mi pecho descubre dia a dia;
Ese pacifico ruido a silencio que sus palabras regalaban aquella tarde de verano,
ese mar que despertó tanta pasión,
acompañado del caliente sol que pretendía penetrar en nuestro rostro,
buscando que estas dos almas volvieran a sentir sin miedos una clara canción;
Unidos por una fuerza invisible,
comprendemos hoy que el amor verdadero se vive sólo una vez,
esta vez, señalado y protegido
por este destello de luz, por esta luz que jamás, pero jamás se apagará.
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